Nuestro camino hacia Shark Tank – Parte 1:
Los primeros filtros que casi no aplicamos
Un día, mientras estaba en la graduación de Prendho, llegó Luis Alcívar con una invitación inesperada. Su objetivo era ambicioso: que 3.000 emprendedores ingresaran al embudo de selección. Yo no estaba seguro de aplicar; sentía que quizá no era nuestro momento. Pero cinco días antes de que cerrara la convocatoria… nos lanzamos. Llenamos la aplicación y empezamos a esperar.
El primer correo que nunca olvidaré Días después, recibimos un correo de WorkingUp: habíamos entrado entre los 1.000 emprendimientos seleccionados. Habíamos pasado el primer filtro. Comenzamos clases en la plataforma. No eran clases comunes: era información profunda, útil, de esas que te hacen replantear todo. Hasta hoy sigo creyendo que ese contenido tiene un valor enorme.
De 1.000 a 300: donde empezó a cambiar todo Pasamos al siguiente filtro y llegamos al grupo de los 300. Ahí recibimos una de las mejores clases de pitch que he tenido en mi vida, además de una sesión de planeación estratégica que nos movió completamente la perspectiva. Entre nosotros hablábamos sin saber si seguir. Yo decía: “Me encantaría llegar al Top 100 solo por el networking. Para mí, ya sería un gran logro”. Y entonces llegó el correo: estábamos entre los 100 mejores. Fue una alegría inmensa.
El bootcamp en Quito: un nuevo mundo Fuimos convocados a un bootcamp en Quito. Había emprendedores espectaculares, algunos ganadores de fondos importantes. Fue la primera vez que escuché conceptos como pre-seed, seed, inversionistas ángeles y capital de riesgo. La tarde terminó con un ejercicio con expertos que nos cambió el enfoque del proyecto.
Preparándonos para el pitch Los siguientes días fueron de práctica intensa. Hicimos equipo con Tamara y trabajamos cada parte del pitch. Llegó el día de presentarlo en Danec. Nos entrenaron expertos durante dos días. Estábamos nerviosos, incluso un amigo emprendedor nos dio un pequeño shot “para templar”. Entramos a la sala pequeña, con cámaras Sony y un panel de jurados: un gerente financiero, uno tecnológico y uno de Conquito. Mientras hablábamos, cada uno reaccionaba distinto: uno sonreía, otro abría los ojos sorprendido y el tercero mantenía un rostro muy serio. Terminamos. Nos felicitaron. Luego vinieron preguntas sobre la Amazonía, el modelo de negocio, la tracción… y aunque el tiempo ya había terminado, siguieron preguntando. Salimos emocionados.
La incertidumbre más larga, Pasaron días. Otros emprendedores comenzaron a recibir correos: algunos de felicitación pero informando que no pasaban. A nosotros no nos llegaba nada. Nada. Nada. Preguntamos y respondieron: “Ustedes ya pasaron, pero aún no enviamos las confirmaciones”. Sentí un vacío en el estómago. Y así termina esta primera parte. Lo que vino después... merece un capítulo aparte. Continuará en la Parte 2.